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La lección de magia empezó temprano en la escuela de Bruma. Afuera, el cielo estaba gris y el viento movía los árboles. Mara puso una pequeña campana sobre la mesa. Nico la miró con atención, pero no se atrevió a tocarla.
—La tormenta se acerca —dijo Mara—. La campana meteorológica puede detenerla, pero está cerrada. Solo se abre con la Lengua de la Luna. Alguien debe leer sus palabras con claridad. También debe traducirlas con cuidado, porque cada sonido despierta una magia distinta.
Nico bajó la voz. —¿Dónde está esa lengua? Mara señaló un dibujo antiguo de una tableta. —Varo robó la tableta de la Lengua de la Luna. Ahora la guarda en su fortaleza de la montaña. Su dictadura prohíbe estudiar otros idiomas. Recuperarla será un gran reto, Nico, pero la tormenta destruirá Bruma si no lo intentamos.
En ese momento, la puerta de la escuela se abrió con fuerza. Tres soldados de Varo entraron con las manos sobre sus armas. —Mara, queda arrestada por enseñar lenguas prohibidas —dijo el soldado mayor. Nico sintió miedo. Mara se puso delante de él y habló con calma. —Entonces tendrán que escucharme primero.
Mientras Mara discutía con los soldados, puso un mapa en la mano de Nico. El papel mostraba el camino hasta la orilla del río. —Busca a Lira —susurró—. Ella conoce la magia del río y puede ayudarte. No vayas a la fortaleza sin la tableta. Nico quiso quedarse, pero Mara negó con la cabeza y señaló una puerta trasera.
Nico salió solo de la escuela con el mapa apretado contra el pecho. Oyó la voz de Mara detrás de él y después los pasos de los soldados. El cielo se volvió más oscuro. Nico sabía que debía encontrar a Lira, recuperar la tableta de la Lengua de la Luna y abrir la campana antes de que llegara la tormenta.
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